mainsouris

Artesanías y manualidades hechas con manos de Ratón

Máquina de coser: amor vs odio!

en Jueves, 10 mayo 2012

Y así pasan los días entre la máquina de coser y yo: la quiero, me odia; la odio, me odia!!!

Hace ya la torta de años, mi abuela se trajo del pueblo una máquina como ésta, conocida por tod@s, of course, y que a día de hoy puede costar una pasta gansa.

Pues bien, una máquina como ésta (la de mi abuela) sigue en casa de mi madre, pero no exactamente igual: cuando mi abuela se vino del pueblo a los madriles, no se le ocurrió otra cosa que “modernizar” la máquina de coser, quitarle las patas laterales y meterla en una especie de mueble auxiliar de madera.

Dicho mueble (un trasto) ahora solo sirve para sujetar el teléfono de casa de mi madre y poco más, aunque en sus entrañas guarde y proteja a una preciosa máquina de coser que todavía podría coser.

 

Otra máquina, la de mi madre, es menos mona, pero también legendaria en mi casa; mi madre lo mismo te arregla un vestido que te queda grande, unos pantalones que no te entran, una camisa con la que no se te ven las manos… Mi madre sabe de costura, eso os lo digo yo, aunque durante años no estuvimos de acuerdo con el largo del dobladillo de los pantalones: “Mejor así, hija, que luego te los pisas” . Y fíjate ahora, los pantalones pesqueros de plena actualidad, jaja!

Desde que tengo uso de razón, recuerdo en mi casa retales, hilos, alfileres, botones… y por supuesto esa frase catastrofista: “no andes descalza que te vas a clavar un alfiler!” que gritaban casi al unisono mi madre y mi abuela.

Mi madre tenía un tambor de detergente de los grandes, grandes, lleno hasta los topes de un montón de retales, de millones de colores: me encantaba sacarlos todos y ordenarlos por texturas, por tamaños… Los más pequeños eran los que me servían para “hacerles” los vestidos a mis muñecas (se los cosía directamente puestos, de manera que para cambiarle de traje, solo cabía meter la tijera!).

 

Pero si había algo que me volvía loca, era la caja de los botones: Era una lata (de esas que ahora llamamos “vintage”) donde había centenares!! la gran mayoría desparejados, pero otros muchos los encontrabas de 3 en 3, o incluso hasta familias enteras de 6! Me encantaba sacarlos una y otra vez, contarlos, emparejarlos, guardarlos y volver a sacarlos. Solo decir que casi me da un soponcio cuando, hace tan solo unos años, mi madre me confesó que había tirado la lata!!!

 

En los últimos Reyes, le tocaba el turno a la tercera generación de máquinas de coser: la mía! Pues bien, yo más feliz que una perdiz con mi super máquina, pensando que era “coser y cantar”, que iba a ahorrarme un tiempo precioso dejando de coser a mano, que las costuras iban a quedar perfectamente rematadas…. (mira, en eso último tenía más razón que un santo!).

Mi máquina de coser

 

Ayyy madre mía querida! que difícil me ha resultado coser decentemente dos trozo juntos, jajaa! Y para muestra… como testigos 3 bobinas de hilo, millones de costuras deshechas, unos cuantos improperios lanzados contra la máquina de coser y sobre todo, estos dos “intentos” de tarjeteros (con espacio propio para el metrobus y hasta para un lápiz, jaja!).

Intentos de tarjeteros

Ayyy, mamá! son muchas las horas de práctica que hacen falta, verdad? 😉

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6 responses to “Máquina de coser: amor vs odio!

  1. Teresa dice:

    Qué guay la historia de las máquinas de coser en tu familia… En mi casa casi podría contar una parecida, con la diferencia de que yo he heredado la máquina de coser de mi madre, que es de los 80, cuando yo era pequeña. También me he peleado pero tiene mérito: mi madre explicándome cómo poner la canilla y pasar el hilo vía movil a 500 km de distancia, y sin instrucciones (ahora las he recuperado). Una aguja rota y unos cuantos metros de hilo, y he aprendido a utilizarla 😀

    Ahora te toca seguir practicando, ¡ánimo! 😉

    • mainsouris dice:

      Muchas gracias, Teresa!
      Mi madre sigue utilizando la suya y nunca ha querido que aprendiera a coser, pero la niña le salió cabezota, jaja! Ella se esmera por enseñarme, pero le pueden las ganas cuando no me sale y termina diciéndome: “Deja, que ya lo hago yo” jajaa! Y es que la mujer lleva todaaaa su vida cosiendo! Madre mía, espero aprender en un par de años o algo así, jaja!
      Un beso grande y gracias por tu comentario 😉

  2. vanessa dice:

    Pero q entrada mas bonita!!! Aunq q faena lo de la maquina…yo doy gracias k la mía regalo de mi padre ( con negocio textil) no m da problemas!!!

    • mainsouris dice:

      Creo que el problema soy yo, no la pobre máquina, jaja! Me desespera que no me salga y lo dejo; luego vuelvo otra vez a la carga y así van pasando los días! Será cuestión de práctica y cabezonería y a eso, poc@s me ganan, jaja!
      Un beso grande.

  3. Yo espero ansiosa que algún familiar me regale una máquina de coser (auque igual me la acabo comprando yo…) y me tomaré al dedillo eso de coser y no cantar porque supongo que, como todo, sean horas de práctica. A ti te viene de familia, a mí de capricho… Iremos viendo tus avances por aquí, de momento, no te puedes quejar 😉

    • mainsouris dice:

      Muchísimas gracias, guapa! La verdad, es que “la herencia” solo se ciñe al objeto, a tener máquina de coser, pq lo que se dice habilidad, habilidad… va a ser cuestión de trabajar y trabajar, jajaja!
      Un beso

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